Ciudad de México, 12 de abril de 2018 

 

Muy buenos días a todas y todos ustedes.

Como ustedes pueden ya haber advertido, las estrictas reglas marcadas por el doctor Breña, no hicieron la excepción ni con el secretario de Educación. Así que, de todas maneras, había preparado esto un poco más largo y si me lo permite la mesa me podría a leer ahora.

Mi estimada doctora Silvia Giorguli, directora de El Colegio de México.

Muy distinguidos miembros del presídium.

José Carreño, director del Fondo de Cultura Económica.

Marina Núñez, directora general de publicaciones de la Secretaría de Cultura.

Emilio Vilanova, ministro consejero de la embajada  de España en México.

Doctor Roberto Breña, coordinador de este nuevo encuentro.

Muy estimadas amigas, amigos.

Agradezco mucho la oportunidad de participar en esta mañana en la inauguración del encuentro Hispano-Mexicano de Ciencias Sociales. Me produce una enorme satisfacción ver que este encuentro continúa una tradición iniciada en 1978, como parte de los esfuerzos en torno a la reanudación de las relaciones entre México y España, y que se prolonga ahora en medio de circunstancias, como bien lo dijo Silvia, muy distintas a las de hace cuatro décadas.

Son varias las razones que explican la oportunidad de este encuentro y quisiera mencionar tan solo algunas de ellas. Por un lado, la fortaleza y la presencia de la lengua española en el mundo. De acuerdo con datos del Instituto Cervantes, en el 2016, la española era una lengua hablada por 567 millones de personas, además de ser la segunda lengua del mundo con el número de hablantes nativos con más de 472 millones.

Solamente con el aumento de la población anual en nuestro país, México tendría el mayor número de hispanohablantes del mundo, y suele incorporar más o menos 1.3 millones más al año. En 2060, Estados Unidos será el segundo país hispanohablante del mundo, después de México. Ese año, según la oficina del censo de los Estados Unidos, la población de origen hispano podría alcanzar aproximadamente 119 millones, es decir casi el 30 por ciento de la población estadounidense, que representa una ventana de oportunidad para la investigación en lengua española en círculos académicos de la Unión Americana, interesados no solo en los asuntos iberoamericanos, sino también en ese universo transcultural que Carlos Fuentes definía como la hispanidad norteamericana.

Buena parte de lo que se produce en las ciencias sociales contemporáneas, como todos lo sabemos muy bien, se publica en inglés. La producción académica en español, sin embargo, parece no tener un peso acorde con la importancia demográfica de nuestra lengua en el mundo.

Es deseable entonces explorar caminos para que la investigación publicada en español, alentada por encuentros de este tipo, pueda eventualmente ocupar mayor espacio en la literatura académica.

Este encuentro confirma, por otra parte, su espíritu original que, como bien decía Reyes Heroles, en el llevado a cabo en Madrid y Toledo en 1983, es ocuparse sin cortapisas, disimulos o limitaciones de problemas concretos o generales que afectan en uno u otro sentido a ambos países. Siendo cierto, también lo es que muchos de los problemas viejos y nuevos, ya no afectan tan solo a México o a España. Aquellos eran años de efervescencia, propios de la transición a la democracia en España y de la Reforma Política en México, la democratización y las transiciones fueron por largo tiempo temas dominantes en la Ciencia Política.

La lucha por reducir la desigualdad marcaba la agenda de los estudios económicos, el reconocimiento de las diferencias étnicas, lingüísticas y de identidad formaban los planes de estudio en la sociología.  El marxismo era aún una fuente de inspiración para muchos de los investigadores dedicados  a las ciencias sociales y se suponía que disponía una alta capacidad para profetizar el futuro de los pueblos.

En el plano internacional, la teoría de la dependencia y la guerra fría servían de marco histórico para muchas de las concepciones prevalecientes sobre el mundo. Mucho de esto, hoy es básicamente historia, algunas cosas han cambiado, otras han mejorado y unas cuantas han empeorado.

Estamos hablando, por ejemplo, de un México donde la investigación en las ciencias sociales se concentraba prácticamente por completo en la capital del país. Hemos progresado, ciertamente, con la creación de centros de investigación en otras ciudades, como la red de colegios hermanos de esta institución, como El Colegio de la Frontera Norte o El Colegio de Michoacán, así como la instalación de otros planteles  de educación superior y de posgrado en otras partes como el caso del primer plantel del CIDE fuera de la Ciudad de México, instalado en Aguascalientes.

No obstante, aún no hemos avanzado suficientemente en esta dirección. Las ciencias sociales, pienso yo, en México pierden mucho al no conocer temas y voces de  investigadores de  los estados, de esos otros Méxicos y tan heterogéneos y tan diversos. Su ausencia, pienso yo, limitan nuestras perspectivas regionales y de hecho son pocos, incluso, quienes participan por parte de los estados o  de las instituciones académicas y estatales en encuentros de esta naturaleza.

Parte de la fortaleza del sistema universitario en otros países, en la producción de las ciencias sociales es justamente su descentralización y, por lo tanto, debemos plantearnos esta disparidad regional para el desarrollo más intenso de las ciencias sociales mexicanas que ya preocupaba justamente a Víctor Urquidi, otro de los protagonistas en el encuentro de hace cuatro décadas.

En la actualidad nos hemos vuelto más cautos sobre las posibilidades explicativas y, sobre todo, proyectivas de las ciencias sociales. Las grandes narrativas del pasado han quedado relativizadas por las realidades contemporáneas mucho más sofisticadas y mucho más complejas.

Otras fuerzas abstractas definían la vida del hombre, la clase social, la dialéctica, la historia con mayúsculas e incluso el concepto tan de moda, ahora, de la sociedad civil, cuya definición en uso no sabemos si es la de Hegel, la de Gramsci o la de Pío XI en su encíclica sobre educación de 1930, o la no definición de la señora Thatcher.

El mundo en el que vivimos también es otro. La democracia liberal ya no avanza en olas como predecía Huntington, si no que cede el paso a olas de nuevos autoritarismos, al resurgimiento de movimientos y partidos de extrema derecha en varias partes, a fenómenos difíciles de comprender desde una perspectiva racional. Ni la historia finalizó ni el mundo entró a una era bucólica. Vivimos en todo caso, como dice José María Lassalle, “una democracia estremecida…un tiempo que se ha hecho hostil para quienes aman la libertad…una sensación creciente de que no hay nada sólido en lo cual asirnos en medio de nuestra soledad”.

El libre comercio ya tampoco ya n es una certeza del sistema económico internacional. Por esas vueltas, por esas paradojas que da la vida, su mayor promotor en la actualidad es China. En Europa el Brexit sacó a Gran Bretaña de la Unión Europea; el terrorismo del Estado Islámico amenaza sin remordimiento numerosos objetivos civiles. La rivalidad entre Rusia y Estados Unidos vuelve a  poner signos de interrogación a la promesa de estabilidad.

En fin, menudos desafíos enfrentan las ciencias sociales en un tiempo en el que el futuro ya no es lo que solía ser.

Finalmente, una palabra sobre la sede de este encuentro. Al albergarlo, El Colegio de México confirma su tradición abierta, libre, sofisticada, de pensar, reflexionar, discutir y debatir. Pero también recuerda el testimonio de coherencia histórica y política simbolizada en quienes animaron  la creación de esta casa. Esos transterrados rehicieron sus vidas provechosamente para las ciencias, las artes, el pensamiento. Crearon ligas afectivas, construyeron instituciones y consolidaron disciplinas nuevas.  Demostraron que el conocimiento, la educación, las ideas y la razón son nuestra única defensa moral, cultural y política en aquellos tiempos trágicos y en estos días confusos en contra de la barbarie, la incertidumbre y el atraso.

Doy pues la más afectuosa bienvenida  a quienes han viajado para reflexiona y pensar con nosotros. Felicito mucho a El Colegio de México, a Silvia, a Roberto, por su dedicado esfuerzo para celebrar estas cuatro décadas de una manera inteligente, serena y creativa.

Muchas gracias a todos por estar aquí.

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